La mirada al presente y la atención plena

La mirada al presente y la atención plena

Ayer comencé una nueva aventura de conocimiento y espero que de experiencias. Fue un gran día en torno al Mindfulness y la Inteligencia Emocional.
Hubo un regalo inesperado, uno de esos momentos mágicos  que de vez en cuando nos sorprenden y nos dejan huella. El docente nos dio unos versos en un papel para que lo leyésemos, naturalmente relacionado con conceptos como el presente, la presencia, o simplemente la belleza.
Entre risas alguien comenzó a decir que lo leyese una u otra persona y alguien más sugirió que lo hiciese una compañera que tenía una buena voz, o al menos  creí entender que sabía cantar.
Una dulce voz comenzó a oírse de forma improvisada y el silencio se hizo en el aula como por arte de magia, mientras se abría paso entre el ruido, con la dulzura de una nana.
Fueron un par de minutos en los que creímos estar en medio de un bosque encantado, mecidos por esa cálida voz. Más de treinta personas conectamos con el momento presente y no prestamos atención a nada más, dejándonos llevar y sentir. Recuerdo que la entonación y la voz eran tan hermosas que por algunos momentos llegué incluso a perder el hilo de lo que el poeta transmitía en sus versos.
Y es que a veces abrir los ojos (o en este caso los oídos), puede ser una buena forma de silenciar todo ese ruido que nos inunda desde muy temprano por la mañana. Una forma de volver a tener los pies en la tierra y admirar la belleza que nos pasa desapercibida. Momentos efímeros  que jamás volverán, pero que persistirán en la memoria como decía William Wordsworth en su Oda a la inmortalidad.
Fue sin lugar a dudas una bonita experiencia, y al mismo tiempo una forma práctica de experimentar (al menos para mí) el momento presente o la conciencia plena.
El poema en cuestión,  era “Mi mirada” de Fernando Pessoa:
 
 
Mi mirada es nítida como un girasol.
Tengo la costumbre de andar por los caminos
mirando a la derecha y a la izquierda
y de vez en cuando mirando para atrás…
Y lo que veo a cada instante
es lo que nunca había visto antes,
y me doy buena cuenta de ello.
Sé sentir el asombro esencial
que tiene un niño si, al nacer,
de veras reparase en que nacía…
Me siento nacido a cada instante
a la eterna novedad del mundo…
 
Creo en el mundo como en una margarita,
porque lo veo. Pero no pienso en él,
porque pensar es no comprender…
 
El Mundo no se ha hecho para pensar en él
(pensar es estar enfermo de los ojos),
sino para mirarlo y estar de acuerdo…
 
 Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…
Si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que es,
sino porque la amo, y la amo por eso,
porque quien ama nunca sabe lo que ama,
ni sabe por qué ama, ni qué es amar…
Amar es la eterna inocencia,
y la única inocencia es no pensar…
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