Libertad es decidir donde pongo mi atención

Libertad es decidir donde pongo mi atención

Ilustración: Andrea Ucini

“Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”, sentencia una de esas frases que se citan constantemente y que se atribuye  a Joseph  Göebbels.  Y es curioso comprobar que nos encontramos ante una de esas verdades universales, que con el paso del tiempo cobran más relevancia  si cabe y cuya validez es evidente.

Crisis de atención y conocimiento superficial

Nuestro tiempo, con sus características particulares ha creado un perfecto caldo de cultivo para que estos procedimientos propagandísticos tomen una fuerza y una relevancia sorprendentes. Me estoy refiriendo a la crisis de la atención y al conocimiento superficial.

Fuente: https://www.jodymichael.com/

Me explico: vivimos en una sociedad apresurada, acribillada a estímulos, por lo que el tiempo que podemos mantener la atención en una determinada información o mensaje es patológicamente corto. Pongamos por ejemplo que estamos consultando el móvil o Whats App mientras vemos una serie de televisión, cocinamos o aguardamos a que cambie el semáforo para cruzar la calle.

Atenderemos al mensaje muchas veces de forma superficial y simple, y además lo haremos  si es coherente con nuestros valores y nuestra forma de pensar. Los ingenieros de google (entre otros), se dedican a diseñar algoritmos para que internet nos dé lo nos gusta o es “relevante” para nosotros (según sus propias palabras). Del significado profundo, matices y contexto quedará bastante menos en nuestra memoria.

Cantidad antes que calidad

En internet la cantidad es más relevante para los algoritmos que la calidad. Es decir, un vídeo de un joven imberbe  que se traga una cucharada sopera de canela en polvo y queda al borde de la  asfixia, es más “importante” para YouTube que el discurso de un premio nobel de literatura. O lo que es lo mismo,  una gilipollez visualizada un millón de veces, va a ocultar algo que a poco que se piense ha de tener más enjundia.

Si trasladamos este razonamiento de la aplastante preponderancia de la cantidad sobre la calidad  al campo de la información nos daremos cuenta que una mentira retuiteada mil veces, (o cien mil), se convierte en verdad a nivel popular. Entre otras cosas porque la mayoría de la gente no comprobará en profundidad su veracidad,  matices, ironía,  ni la “letra pequeña”. Si a esto sumamos que hay desde hace muchos años empresas que se dedican a expandir información de forma interesada para terceros, nos empezaremos a hacer una idea de la descomunal mentira en la que vivimos.

Esta máxima de la propaganda ya es conocida desde hace siglos. La historiadora Elvira Roca Barea afirma rotundamente que la forma de contrarrestar una campaña de mentiras no es simplemente con la verdad, sino con una campaña aun mayor de propaganda en sentido inverso. Y esa es la triste realidad nos guste o no.

El control de nuestra atención

Nuestra forma superficial y rápida de atender lo que pasa a nuestro alrededor, crea unas condiciones idóneas para que estas estrategias desinformativas  sean ejercidas por  creadores de contenidos y medios de comunicación.

 O paramos y nos tomamos el tiempo necesario para pensar y reflexionar  de forma más profunda, o cada vez nos hundiremos más en este lodazal de ruido y desinformación. Es el momento de luchar por recuperar el control sobre nuestra atención. Libertad es entre otras cosas, a día de hoy, poner nuestra atención donde realmente queremos.

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