¿Porqué soy Tecnoslow?

¿Porqué soy Tecnoslow?

Artículos como el recientemente aparecido en El País, con el titular: “Los nativos digitales también aprenden mejor con los libros de papel” nos deberían hacer reflexionar.  Numerosos estudios lo confirman desde hace años: la tecnología  y concretamente internet, nos está volviendo más “tontos”. Con esta afirmacion no me refiero a que conozcamos menos del mundo o que tengamos menos acceso a la información y a la cultura. De eso no cabe la menor duda que andamos sobrados. Lo que sí que es para detenernos a pensar es el hecho de que cada vez nuestra forma de pensar es más superficial, más rápida y menos reflexiva.

Todo indica que los nativos digitales tendrán un cerebro distinto

¿Porqué pensamos superficialmente?

John Sweller,  psicopedagogo australiano, llevó a cabo hace ya décadas una serie de estudios que concluyeron en la existencia de  varios tipos de memoria. Sweller sostenía  la teoría,  bastante generalizada  por cierto después,  de la existencia de dos memorias en nuestro proceso de aprendizaje:  una a corto y otra a largo plazo.

La primera retiene durante unos segundos impresiones y pensamientos inmediatos. En la segunda se almacenan todas las cosas que realmente  aprendemos del mundo, y que pueden permanecer ahí mucho tiempo, incluso toda la vida. La memoria  a corto plazo es el bloc de notas de la mente, mientras que la memoria a largo plazo es el archivo. Ésta no solo es el disco duro de almacenamiento, también es donde reside el entendimiento o conocimiento profundo. Almacena datos o hechos producidos, pero también conceptos complejos y esquemas. Nuestra capacidad intelectual, afirma Sweller, depende de los “esquemas que hemos adquirido durante largos periodos de tiempo”.

De esta forma, la profundidad de nuestro conocimiento estaría directamente relacionada con  nuestra capacidad de transferir información de la memoria de trabajo a la memoria a largo plazo, entretejiendo esquemas conceptuales durante el proceso. Este  transito también forma el mayor embotellamiento o saturación de nuestro cerebro.

Un aluvión de datos que no podemos digerir.

Llenar una bañera con un dedal

Nicholas  Carr, estudioso de los efectos de la tecnología en nuestro cerebro y autor de “Superficiales”,  utiliza la expresión “llenar una bañera con un dedal” para explicar  el reto que afronta la transferencia de datos desde la memoria de trabajo a la memoria a largo plazo. Cuando leemos un libro, el grifo de la información mana con un goteo constante que podemos controlar. Gracias a nuestra concentración en el texto podemos transfeir si no toda, si una parte considerable de la información, dedal a dedal, a nuestra memoria a largo plazo y crear las asociaciones necesarias para crear esquemas mentales.

¿Qué ocurre cuando navegamos por internet?

Navegando por Internet  la situación es totalmente distinta. Tenemos muchos grifos de información abiertos,  manando abundantemente. El dedal se nos desborda mientras corremos de un grifo a otro. Sólo podemos transferir una pequeña porción de los datos a la memoria a largo plazo, y lo que transferimos es en muchas ocasiones una amalgama de gotas de de diferentes grifos, no una corriente contínua con la coherencia de unan sola fuente.

Cuando el dedal se desborda (es decir nuestra memoria de trabajo), no podemos retener la información ni extraer conexiones con la almacenada en nuestra memoria a largo plazo. No podemos traducir nuestros nuevos datos a esquemas. Nuestra capacidad de aprendizaje y nuestro entendimiento se debilita.

En resumen, nuestra memoria no sabe procesar tal cantidad de información de una forma reflexiva y profunda, quedándose en un entendimiento superficial.

Otros efectos

A esta asimilación limitada de información  podríamos sumar otras efectos,  como conclusión de otros experimentos igualmente perturbadores, como son  el resentimiento sobre la capacidad de empatía y de percibir el sufrimiento de otras personas, (véanse los estudios realizados por A. Damasio, de la Universidad del Sur de California). Recordemos que el conocimiento sobre el funcionamiento de nuestro cerebro ha sido bastante limitado hasta las  últimas décadas del siglo XX.

Somos lo que pensamos

Si a todo esto sumamos  la neuroplasticidad de nuestro cerebro, (es decir, la capacidad de adaptación y transformación dependiendo del uso al que lo sometemos), las consecuencias son impredecibles. Nuestro cerebro está cambiando, y más concretamente,  el de los jóvenes y niños denominados nativos digitales. El cambio ha comenzado, y un futuro diseñado y gestionado por mentes superficiales se está gestando, un tipo de futuro que aun no somos capaces de imaginar.

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