¿Quién eres?

¿Quién eres?

¿Te has hecho alguna vez esta pregunta sinceramente, mirando a tu interior y después has tratado de responderla? Sin ponerte límites, sin condiciones, sin temor y sin prejuicios. ¿Te has atrevido a mirar ahí donde no sueles mirar, dentro de ti mismo?

Es probable que hayamos echado un vistazo rápido, bien para reafirmarnos en algo que nos complace, o bien para evitar y pasar por alto otro rasgo que no nos gusta, nos inquieta, o simplemente no cuadra con nuestros juicios o nuestras expectativas.

Foto Javier Auiñón

Ayer me hice la pregunta en un ejercicio llevado a cabo por un grupo de personas en una clase sobre Inteligencia Emocional y volvió a ser toda una experiencia. (Si, ya en un anterior post no pude evitar contar otra experiencia vivida en clase, soy así, cuando algo me gusta lo vivo).

Nos situamos de dos en dos  y uno debía de mirar al otro a los ojos y preguntarle ¿quién eres?, y el compañero debía responder. No había reglas, no había condiciones como he dicho ni más información que condicionara la experiencia. Debía haber libertad  para mirar ahí dentro y soltarlo  sin más.

Cuál fue mi sorpresa cuando el docente nos lo explicó y me dispuse a comenzar a mirar dentro de mí, frente a mi compañera.

Entiendo que si haces algo, lo haces poniendo el alma en ello, de forma verdadera, sin ambigüedades y de forma honesta.  Esa es mi pretensión porque creo que todo lo demás es una pantomima, vivir superficialmente y desperdiciar tu tiempo.

Me quedé atónito, petrificado y no era capaz de responder a la dichosa preguntita. Sí, quien soy como persona, como animal, como ser social, …no había reglas ni límites…y podéis creer que no podía hablar! Sentía vértigo! de asomarme a ese abismo y además,  delante de otra persona que apenas conocía.

¿Era más tímido y reservado de lo que pensaba? ¿Hay cosas en mí que no quiero ver a pesar de que están ahí? Intenté lanzarme a la piscina sin pensar más y comencé a balbucear palabras primero, a decir obviedades después, y poco a poco empecé a escarbar, a sacar alguna cosa más interesante.

“Afortunadamente” fui salvado por la campana. Mi turno de respuestas terminó. No tengo ni idea que podría haber salido de mi boca si continúo en ese proceso durante más tiempo, si me hubiese gustado, sorprendido o avergonzado. Entonces empecé a comprender el sentido de la práctica y la importancia del autoconocimiento. De saber quienes somos, de aceptarlo y de obrar en consecuencia. Paso indispensable entiendo, para reconocer nuestras emociones y poder llegar a gestionarlas.

Un descubrimiento que sólo ha comenzado,  pues apenas me asomé ahí dentro un momento, y que me pareció una aventura apasionante , que sin duda voy a tratar de llevar a cabo.

En cuanto a mi compañera de experiencia, nada más lejos de mi realidad. Tuve la suerte de asistir a toda una demostración,  pues a ella las palabras le brotaban a la boca de forma casi fluida. Y las cosas que decía no solo tenían sentido, sino que muchas eran bellas y nada evidentes. Después me senté, y traté de digerir lo que había pasado y había sentido.

¿Puede haber mayor aventura que descubrir quienes somos en toda su profundidad? Sin miedos ni ataduras, asumiendo las consecuencias? Sinceramente creo que no. Y lo mejor es que algo me dice que aún queda mucho camino por andar.

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